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domingo, 30 de octubre de 2011

Un juego divino

"...hemos de tener siempre presentes que el arte es un juego divino. Ambos elementos el de lo divino y el de juego, son igualmente importantes. Es divino porque éste es el elemento en que el hombre se acerca más a Dios, convirtiéndose en auténtico creador por derecho propio. Y es juego porque seguirá siendo arte sólo en tanto se nos permita recordar que, en le fondo, todo es ficción que la gente del escenario, por ejemplo, no es asesinada de verdad [...] en el momento en que ese equilibrio se rompe tenemos, sobre la escena, un melodrama ridículo, y en un libro una descripción truculenta de, pongamos un caso de asesinato que estaría mejor en las páginas de un periódico. Y dejamos de experimentar esa sensación de placer y satisfacción y vibración espiritual, ese sentimiento combinado que es nuestra reacción al arte auténtico. Por ejemplo, no sentimos repugnancia ni horror ante el sangriento final de los tres mejores dramas de todos los tiempos: el ahorcamiento de Cordelia, la muerte de Hamlet, el suicidio de Otelo nos dan escalofríos, pero escalofríos que llevan en sí un elemento intenso de deleite. Ese deleite no procede de que nos alegremos de ver perecer a esas personas, sino simplemente de que gozamos con el genio abrumador de Shakespeare."

viernes, 16 de septiembre de 2011

Nabovov y los nombres rusos



Al hablar a una persona, la forma de tratamiento más corriente y neutra que se usa entre los rusos cultos no es el apellido, sino el nombre de pila y el patronímico: Iván Ivánovich (que quiere decir “Iván, hijo de Iván”), Nina Ivánovna (que quiere decir “Nina, hija de Iván”). El campesino podrá llamar a otro “Iván” o “Vanka”, pero por lo demás sólo los parientes o amigos de la infancia, o los que de jóvenes han servido en un mismo regimiento, etcétera, se llamar por el nombre de pila. Yo he tenido amistad con una serie de rusos durante dos o tres décadas y jamás se me hubiera ocurrido llamarles otra cosa que Iván Ivánovich o Boris Petróvich, lo que fuera: y por eso al solemne Iván Ivánovich la facilidad con que los americanos ya entrados en años se convierten en Harry y Bill con sólo haber tomado un par de whiskis le parece el colmo del absurdo.
(...)
Imponer al lector extranjero el manejo de una docena de nombres, casi todos impronunciables para él, para un mismo personaje es a la vez injusto e innecesario. 


viernes, 21 de enero de 2011

Gogol y El Absurdo


Hoy que tantas veces que se usa este calificativo, Vladimir Nabokov nos ayuda a cuidar nuestro léxico y además entender un poco la manera en que Gogol lo utiliza en sus creaciones, como por ejemplo, en el capote.


"Lo absurdo era la musa predilecta de Gogol; pero al decir "lo absurdo" no me refiero a lo chocante ni a lo cómico. Lo absurdo tiene tantos grados y matices como lo trágico, y además, en el caso de Gogol linda con esto último. Sería equivocado afirmar que Gogol colocaba a sus personajes en situaciones absurdas. No se puede colocar a un hombre en una situación absurda si el mundo entero en el que habita es absurdo; no se puede, si por "absurdo" se entiende aquello que mueve a risa o a encogerse de hombros. Pero si lo que se entiende es lo patético, la condición humana; si lo que se entiende son todas esas cosas que en mundos menos estrafalarios van unidas a las aspiraciones más altas, a los sufrimientos más hondos, a las pasiones más fuertes, entonces sí que existe el hueco necesario, y un ser humano patético, perdido en el mundo de la pesadilla, irresponsable, de Gogol, sería "absurdo" por una especie de constraste secundario.

"- En la tapa de la caja de rapé del sastre había "un retrato de un general, no sé de qué general, porque el dedo gordo del sastre había hecho un boquete en la cara del general, y sobre el boquete se había pegado un cuadradito de papel".

Así sucede con el absurdo de Akaki Akákievich Bashmachkin. No esperabamos que, en medio de ese remolino de máscaras, una máscara resultara ser un rostro de verdad, o cuando menos el sitio donde ese rostro debería estar. Del caos de fraudes que componen el mundo de Gogol se deriva irracionalmente la escencia de la humanidad. Akaki Akákievich, el protagonista del El Capote es absurdo porque es patético, porque es humano y porque ha sido engendrado por esas mismas fuerzas que parecen formar tan fuerte contraste con él ".

VLADIMIR NABOKOV. "Curso de Literatura Rusa"